
El
Aloe ha sido usado desde tiempos bíblicos, para tratar quemaduras, heridas,
dolores y muchas dolencias. Según la leyenda, Cleopatra atribuyó su encanto
irresistible y belleza al uso del Aloe. Algunos papiros de 1500 A.C. proclaman
su valor medicinal. Algunos historiadores afirman que Alejandro el Grande
conquistó la isla de Socroto en la costa oriental de África con el fin de
obtener cantidades de Aloe suficientes para curar las heridas de sus soldados.
En la medicina árabe, el gel fresco se frota en la frente como un remedio
del dolor de cabeza o frotado en el cuerpo para refrescarlo en caso de la
fiebre, así como también para curación de heridas, conjuntivitis, como desinfectante
y laxante (del látex de la cáscara).
En la medicina Ayurvedic, tradicional de India, el Aloe se usa como un remedio
laxante, de hemorroides, y estimulante uterino y regulador menstrual; tópicamente
se usa a menudo en combinación con la raíz del regaliz, para tratar eccemas
y psoriasis. Como se puede observar, la tradición del Aloe es larga y ha sido
utilizado por las culturas más importantes de la historia.
En Español se conoce como Sávila. En Sánscrito, es Ghrita-kumari. Es Jadam
en Malasia, Lu-hui en Chino, Erva Babosa en Portugués, Y en Inglés, Griego,
Latino, Italiano, Alemán, Ruso, Francés y Hawaiano, es Aloe.
En la historia reciente, el Aloe se usó por mucho tiempo para extraer Aloina
(antraquinona de la cáscara) que es usada como ingrediente laxante. Luego
se empezó a usar como curador de úlceras y quemaduras; sin embargo, las hojas
debían ser enviadas desde los trópicos hasta que el Gel de Aloe fue estabilizado
y popularizado.
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